Gamer (2009)

septiembre 6, 2009

No es casual que los autores de las dos entregas de “Crank” hayan concebido su siguiente proyecto como un videojuego en la gran pantalla. La polifacética imagen plástica que se daba en el violento e hiperkinético Chev Chelios se traduce ahora en un relato de un corte más clásico, con ecos de “Perseguido” o”Blade Runner” trasladado a la sociedad post-11S obsesionada con la vigilancia, el anonimato y los reality shows.

Pese a su aspecto de macho movie y ciencia ficción postmoderna, se esconde un interesante mensaje sobre la identidad y el control, que va desde la política (su visión más obvia) hasta el autocontrol orwelliano que han dado plataformas como Facebook, pasando por la necesidad de nuevos roles, sustitutivos de nuestra personalidad (o quizás una visión desnuda) que nos otroga el ocio en “Second Life”, ¿trata la película paralelamente de hablarnos de las consecuencias del ocio como herramienta social agresiva?. Dejando de lado ese aspecto, su mensaje principal es mucho más transgresor de lo que cabe imaginar a simple vista, al enunciar, e inmediatamente negar, la necesidad de tomar partido por otros, en un ejercicio de individualismo mucho más elegante que películas como “V de Vendetta”. La película equilibra ese universo cerrado con excesivas escenas de acción difíciles de seguir pero que mantienen el ritmo a la verdadera voluntad catártica de la liberación del protagonista. La mala leche, la honestidad de la propuesta y su actitud abiertamente punk, se adhieren a una exagerada utilización de la violencia y el sexo para otorgar un producto muy digno y apreciable de serie B.

En definitiva, un retorcido viaje entre universos visuales alucinantes, un ritmo envidiable y un espíritu más clásico de lo que su realización puede sugerir a simple vista, hacen de “Gamer” una película franca y entretenida que nunca deja de sorprender en todo su metraje.

Paranoid Park (2007)

julio 11, 2009

En su huída de  los prefabricados productos bienintencionados de Hollywood, Gus Van sant comenzó una etapa en la que encajó varios proyectos personales fruto de la busqueda de su libertad artística y de intentar comprender más el medio cinematográfico a través de un excelente uso de la cámara y la dirección de autores. De esa etapa han salido películas como “Gerry”, “Elephant” y “Last Days”, pero también podríamos incluir esta “Paranoid Park” que, pese a ser mucho más narrativa y tratar de ocultarse como una historia de detectives (donde el misterio se revela a la mitad de la película) es una obra bastante inusual.

Sabiendo transmitir una sensibilidad adolescente, con una capacidad para la abstracción y el aislamiento, Van Sant maneja a su protagonista por una vida decepcionante y vacía, falta de empatía entre los demás, y que encuentra el horror por casualidad en un trágico accidente. Los parques para skate se convierten así en un intrincado laberinto lleno de magia y catarsis en el que liberarse de los problemas diarios y la castrante y aterradora vida social.

El brau blau (2008)

mayo 31, 2009

En ese cine español que ha quedado por completo al márgen de concesiones comerciales y han optado por una liberación artística y una experimentación formal muy alejados de los cánones de moda, se han venido produciendo excelentes nuevos trabajos. “El brau blau” es uno de esos ejemplos, donde el inexistente presupuesto deja abierto al autor la capacidad de expresar con imágenes (y en ocasiones muy contadas, citas) todo el carácter y belleza de un arte desprestigiado por su inherente violencia.

Villamediana opta por mostrar la cara amable de la tauramaquia, pidiendo que veamos más allá de la lucha con el toro y toma como referencia a José Tomás para componer a un misterioso, taciturno y solitario personaje cuyos movimientos crean una danza con la naturaleza, con su propio cuerpo y los escasos instrumentos a su alcance. Hay, bajo esa aparente sencillez de los gestos, todo un lenguaje no verbal que emparenta la tan polémica fiesta nacional con un arte y una filosofía de vida, una actitud de coraje y respeto, de alguna forma, de amor, que elimina por completo los prejuicios que hacia dicha práctica pueda tener el espectador. Cuando la película y el personaje vuelven a terrenos más civilizados, es notoria la sensación de aprisionamiento e incertidumbre que produce, desestabilizando el propio juego que propone Villamediana, para descubrirnos que volver a la realidad (ya sea en el exterior de una plaza o frente a un coche en una carretera poco transitada) supone un duro golpe que quiebra la frágil y etérea construcción en torno al personaje protagonista.

No es una película a la que se pueda acudir sin una verdadera actitud de entrega, siendo muy exigente con los espectadores, pero regalándoles, a cambio, la oportunidad de encontrarse con una de esas bellas rarezas que prueban que el cine va más allá de la narración y la industria.

If… (1968)

abril 1, 2009

Como si de un presagio se tratara, esta inusual ganadora de la Palma de Oro en Cannes, adelantó los sucesos de Mayo del 68 al mostrar el desencanto de la juventud europea ante los valores de sus padres y educadores. Revoltoso canto a la anarquía, y de un humor absolutamente marciano del que son claro herederos los Monthy Phyton, aunque infinitamente menos obvio, la película supone un soplo de aire fresco dentro del free cinema británico y un claro precedente a “La naranja mecánica”, tanto en la presencia arrebatadora del joven Malcolm McDowell como de su retrato de la violencia y su carácter experimental.

El salvajismo que muestra la película se contagia al montaje, que combina imagen en color y blanco y negro y escenas muy radicales, donde el sonido y los actores juegan un papel vital. La sensación es de una película rabiosa y excesiva que, sin embargo, consigue transmitir su imagen de intranquilidad, de una sociedad cambiante a partir de nuevas generaciones. El paralelismo más evidente es con “Cero en conducta” de jean Vigo, del cual repite su secuencia final con mayor furia y violencia. Una película polémica que no puede dejar indiferente a nadie.

El asesino de Pedralbes (1978)

marzo 15, 2009

Poco conocido documental que descubre, a través de la entrevista a un asesino, ladrón y pederasta encarcelado, la miseria de un mundo sórdido, escondido por la dictadura franquista. El impactante relato del crimen, el asesinato de una pareja con motivo de un robo, así como la enfermiza obsesión del asesino por los menores, nos va sumergiendo en un nivel pesadillesco cada vez más irreal y aterrador, a lo que ayuda en buena parte dos momentos de la película: el relato del propio asesino de una de sus pesadillas recurrentes, donde ve a un grupo de niñas abortando frente a él, y un breve momento de ira, donde la conversación con el reo se eleva y la cámara apenas pueda captar, desenfocada, lo que ocurre.

Una auténtica joya del género documental que indaga en la naturaleza del horror, del hombre del saco, surgido entre el abandono, el maltrato y las constantes vejaciones y convertido en una mente desequilibrada que se sabe un peligro para la sociedad y suplica que se le mantenga encerrado para siempre (algo que, a posteriori, sabemos que no se cumplió) en un vano intento por ocultar a un mundo inocente, las perversidades de la represión y la enfermedad mental.

Aterradora, desagradable y malsana. La cámara recorre el lugar del crimen o la prisión donde se haya el condenado con la misma objetividad, afrontando sin ningún tapujo el terrible suceso y la insana atmósfera que lo rodea todo, incluída la película, desasogante muestra del poder osmótico del cine.

El asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford (2007)

febrero 6, 2009

En la lírica construída en un género tan cinematográfico como el western, se han dado no pocas obras maestras y se han revelado excelentes directores. Esto en parte por la sencillez que implica la presencia del mito, combinado con la escasa imposición social (o con su construcción al paso del tiempo) en los primeros asentamientos del Oeste americano. Gracias a esto, se pueden componer excelentes relatos morales que combinan con sapiencia el hermoso mundo que le rodea así como las leyendas que han ido formándose a través de la Historia. Es “El asesinato de Jesse james por el cobarde Robert Ford”, precisamente, una película en torno a la falsedad de esas leyendas, como lo era también el mejor western jamás realizado: “El hombre que mató a Libert Valance”.

La construcción a través de la poética y la belleza implícita tanto en el suave manejo de la cámara, la increíble fotografía y la contundencia inesperada de sus violentas escenas de acción, es la forma en la que el suspense, mediante un inteligente uso de la expectativa, crea en la relación de fan y estrella, en un universo salvaje, lejano y anacrónico, un impresionante relato sobre la desgracia de un hombre cuyo pecado fue admirar a un héroe que no era tal. Y en su desencanto, se desencadena la furia que va inundando la película hasta el punto de empapar a todos los personajes y ennegrecer la escena que le da título en la actitud de Jesse James, convertido por obra y gracia del rostro impasible de Brad Pitt, en un muerto andante, en un psicópata que se sabe bello. Habiendo estallado toda esa ira, el epílogo (que podría suponer una película independiente en sí mismo) muestra la cara más amarga, cruel y oscura de la historia, convertida en un mercado donde la gente paga por ver el extravagente suceso representado, como nosotros hemos hecho con la propia película.

Una de las mejores películas que ha dado los últimos años, su impresionante capacidad para hacer reflexionar entre sus silencios y ausencias, de dejar que sean los personajes y sus acciones las que marquen el ritmo, lo convierte en un western moderno digno de elogio y ampliamente recomendable.

Control (2007)

enero 4, 2009

La fantasmal figura de Ian Curtis, fotografiado en un hermoso blanco y negro, recorre la película intentando encontrar un punto de anclaje con una realidad que no le pertenece, con un mundo que se evade e intentando dejar un legado que le sobreviva, ante la necesidad de imponerse a sus obstáculos, la enfermedad y la rutina van creando una espiral de la que Curtis no parece capaz de evadirse y la única forma en la que puede pervivir es a través de su música, un impulso, una necesidad de sentirse vivo, donde cada nuevo movimiento parece hundirlo más y más.

La sobriedad y la calma son el reflejo de una película que nace desde un respeto silencioso, un obituario audiovisual en la que confluye la excelente música de Joy Division con una cierta predisposición al cine europeo, específicamente continental, en el que “Stroseck”, la película que Curtis vió antes de morir, se convierte en la metáfora ideal para hablar de una vida llena de desencanto y angustia. Así, Corbijn consigue que el espectador se sumerja en esa tristeza mediante una sincera y nada edulcorada visión de tiempos pasados, que no mejores, en los que se destruyó una de las mayores promesas de la música de su época.

Alien, el octavo pasajero (1979)

diciembre 23, 2008

¿Cómo se debe hablar cuando se habla de una verdadera obra maestra? “Alien” es una película perfecta, donde el cine de entretenimiento se da la mano con el Arte, la experimentación y la elegancia de una sutil pulsión sexual y una mirada sobre lo extraño absolutamente original. Cierto es que los temas aquí tratados ya se pudieron ver en “Terror en el espacio”, coproducción italo-española de Mario Bava que pese a su atmósfera horripilantemente kitsch y su poca efectiva capacidad de soliviantar problemas de presupuesto, contenía un punto de partida muy inteligente; pero siendo la película de Bava una obra fallida, “Alien” es un intrincado mecanismo de relojería suizo (no por casualidad, nacionalidad de H.R. Giger, diseñador del monstruo) que funciona igual de bien, o incluso mejor, en las revisiones. Un reparto en estado de gracia se pone en manos de un Ridley Scott todavía esteticista y en su mejor momento tras “Los duelistas” que dan el mayor provecho a la asfixiante nave.

Sin embargo, lo que realmente brilla con la misma fuerza de un sol es el guión. Es dificil determinar quienes son, de los muchos nombres por los que pasó esta historia, las manos responsables del resultado final, donde la forma en la que poco a poco se nos facilita la información, el ritmo que va marcando, la transformación del extraterrestre y el desarrollo de personajes, que te hace ser uno más en esa nave llena de sorpresas y secretos. A veces, el cine, encuentra la perfección, y este es uno de esos valiosos casos.

J.C.V.D. (2008)

octubre 16, 2008

La carrera de Jean-Claude Van Damme se ha movido en una serie de parámetros esquemáticos que le han ido condenando, poco a poco, a figura de admiración en los gimnasios y a las estanterías de los videoclubs. Sin embargo, resulta un tanto presuntuoso considerar que no hay un valor implícito en el cine que, por la pertenencia de esta estrella del cine de acción, no pueda tener una suerte de autoría. La recurrencia en sus personajes, su imagen pública y la contraposición entre ambas confluyen en este película como retrato de un juguete roto, un hombre que es a la vez, objeto de admiración y fama pero también de burla y escarnio. El frágil equilibrio entre su figura pública y su vida privada entra en conflicto cuando un pago le hace protagonista de un atraco, un derrumbe emocional donde la persona tiene que dejar espacio al personaje.

En su reflexión, la película juega a ser una versión autoconsciente y cómica de “Tarde de perros”, un falso documental con recursos de ficción, y una historia de suspense y drama en torno a la confesión, desgarradoramente honesta, de un Van Damme que abandona por un momento su rol para desnudarse emocionalmente ante el espectador. Una inclasificable película que supone un soplo de aire fresco y que demuestra que la poca diferencia que existe entre el cine de autor y la explotación del mercado doméstico. Una invisible barrera que da lo mejor de ambos mundos.

El caballero oscuro (2008)

agosto 25, 2008

En la prepotencia de quienes han considerado el cómic como un género menor, carente de inteligencia y orientado a un público infantil, las mal llamadas “novelas gráficas” que poblaron con su divertida visión de la era Reagan los quioscos de los ochenta fueron consideradas, sin paliativos, obras maestras que habían demostrado la madurez de un género, y que creaban una notable bisagra especialmente en el cómic de superhéroes.

Ante la masiva adaptación de tebeos por parte de un Hollywood que ha visto en el público, que se crió con aquellas novelas gráficas, su nuevo mercado aparece ahora la misma actitud diferenciadora entre el subproducto y la obra maestra, sin lugar a las matizaciones, que viene demostrando la necesidad de que se tome en serio géneros infravalorados aún a costa de renunciar a aquello que los hace tan disfrutables. Con “El caballero oscuro” podemos aplicar dicha máxima al cine de superhéroes, si bien Batman nunca ha tenido superpoderes y su tradición se encuentra más próxima a Sherlock Holmes, James Bond o El zorro que a Superman o Spiderman. Cristopher Nolan, en su afán por tomar el control de la saga que ha supuesto su mayor éxito, ha optado por explicitar su mensaje en un confuso guión lleno de buenas ideas pero no especialmente presentado. La escasa visibilidad de la acción, el ritmo de una película de tan larga duración y su exceso de subtramas que le lleva a abarcar dos películas en una y crear una extravagante estructura sin clímax definido repercuten negativamente en una película que se sueña más importante y madura, como las novelas gráficas de los ochenta. La necesidad de alejar al superhéroe del adolescente, del producto de quiosco es el motor principal de una película que necesita recalcar su hiperrealismo y sus paralelismos con la realidad (Zodiac y 11-S de por medio) para crear una vaga esperanza de idealismos que ocultan auténticas chapuzas no muy propias de una producción de esta envergadura.

Así, si bien “El caballero oscuro” mantiene unas muy nobles intenciones, al igual que ese fugaz e indefinido Batman sobre el que gira, tiene que huir de su propio origen para mantener una mascarada, un elegante envoltorio que fracasa en muchos aspectos técnicos y artísticos pero que al menos ha supuesto otra nueva bisagra para el género, aunque esta sirva, como la anterior, para ocultar obras con menos fama y base intelectual, pero no por ello inferiores.